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Textos antiprohibicionistas

Informaciones vomitivas

Foto de Mariano Antolín Rato

Novelista y traductor

Si uno no puede fiarse ni de los periódicos supuestamente más objetivos, ya me dirán dónde se va a enterar de las cosas que pasan lejos de su casa o de su barrio y que no le comenten los amigos que vivan por allí. Sobre todo, teniendo en cuenta cómo son las emisoras de televisión, estatales o privadas, algunas de las cuales cuentan con presentadores de arte y ensayo. Gabilondo, por ejemplo, que me produce alergia desde que en un programa de hace tiempo, cuando no daba tanta vergüenza salir en la tele, en contra de mis moderadas opiniones, afirmó que los consumidores de drogas, blandas o duras —la distinción le pertenece—, eran todos unos enfermos y debían ser tratados médicamente.

Mentalidad imposible
Mentalidad imposible

La verdad es que tampoco habría que extrañarse mucho de eso. Como decíamos ayer —es decir, en un número anterior de esta revista—, las asociaciones de prensa se habían adherido a una declaración promovida por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) en un acto presidido por la reina Sofía. En la declaración, los periodistas y sus jefazos manifestaban gran preocupación por el consumo de drogas en la sociedad española. Bueno, el documento seguía soltando toda una sarta de estupideces prohibicionistas que dudo que crean ni siquiera quienes lo redactaron. Entre ellas estaba la recomendación de cuidar las informaciones de “los aspectos relacionados con los consumos de drogas”.

Como no hacía ninguna referencia explícita a la objetividad de esas informaciones, supongo que quienes se ocupan de ellas tienen carta blanca para contar lo que les salga de los huevos; sea cierto o no. Y baste un único ejemplo: me lo ha proporcionado Juan Carlos Usó, sin el cual ni yo ni nadie podríamos estar al tanto de los desmanes que se cometen en nombre de una supuesta acción de limpieza de mentes y cuerpos de peligrosos individuos que le pegan al cannabis y otras substancias afines, generalmente más potentes.

El ejemplo canta por sí mismo. Al referirse a los datos revelados el pasado 8 de marzo por el último informe del Ministerio de Sanidad y el Plan Nacional sobre [contra] Drogas, el diario de Barcelona —por otra parte, mi preferido de los editados en español o en otros idiomas de la península e islas—, La Vanguardia, titula su información: “Sanidad alerta que VEINTE MIL menores corren el riesgo de ser adictos al cannabis”. Por su parte, el autotitulado “diario independiente”, de Madrid, El País, no se priva y lo titula así: “CUARENTA MIL menores corren el riesgo de quedar enganchados al cannabis”. Por otro lado, el diario de la derechona de toda la vida, también de Madrid, ABC, afirma: “SESENTA MIL jóvenes tienen riesgo de convertirse en adictos al cannabis”.

Vamos a ver, hagan ustedes el favor, señores y señoras periodistas. ¿En qué coño quedamos? Resulta que en sus publicaciones, situadas entre las de mayor difusión de España —una de ellas, la de mayor difusión—, van subiendo el número de los que se van a “colgar” del cannabis. Y en nada menos que en 20.000 individuos, como creo que se puede ver claramente porque he puesto en mayúsculas las cifras.

No, no me refiero a la falacia —digna del Gabilondo mencionado y de tantos de su calaña y, sobre todo, peores—, de que la maría, el costo, o como se quiera llamar, adicciona. Tampoco al tono de esos titulares que, sin duda, dejarán helados a profesores y padres mentecatos y harán que los de la pasma se froten las manos de gusto, encantados de la gran labor social que les espera. Lo más llamativo es la tranquilidad con la que los diarios nacionales dan las cifras.

Algo parecido a lo que hacen en el Ideal, de Granada, del 25 de marzo, que recogen una información de un tal “E. J. B.”, que empieza: “LONDRES: a los motivos habituales para dejar el tabaco debe sumarse otro: fumar ya no es un símbolo de virilidad, sino que aumenta el riesgo de impotencia”.

Perdonen ustedes, pero voy a vomitar un poco. A lo mejor el mes que viene me he recuperado y puedo seguir.

Mariano Antolín Rato, en Cáñamo (La revista de la cultura del cannabis), n.º 101, , p. 9.