Por si no hubiera bastante con las del Plan Nacional sobre Drogas (PND), ya podemos ver en nuestras calles la última campaña de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD)… y con ésta son ya veintidós desde su fundación en 1988. Según los responsables de la FAD, el eslogan de la campaña es el siguiente: “Todos somos responsables. La Educación lo es todo”. Aparentemente pues, la campaña gira en torno a la Educación (con mayúscula) y hace un llamamiento a la responsabilidad colectiva. Y aunque va dirigida a la sociedad en su conjunto, parece que sus mentores apuntan hacia un sector más específico: “educadores, padres, medios de comunicación, publicitarios, deportistas, políticos” (es decir, líderes de opinión)… Desde luego, no cabe mejor propósito, ni más loable.
Para su difusión la FAD ha utilizado, entre otros recursos (cuñas de radio, etc.), tres modelos de vallas publicitarias. En una de ellas se puede ver un triángulo rectángulo junto con la siguiente leyenda: “Si tienes el poder de hacerles creer que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos, imagínate el poder que tienes”.
En las otras dos también se apela al “poder que tienes”. Lo único que cambia es el elemento sorpresa introducido en el escenario cotidiano: en una es “el poder de hacerles creer que con unos vaqueros atraviesas paredes” y en la otra “el poder de hacerles creer que si no se duermen vendrá un señor con un saco que se llama Coco y te llevará”. Ambas con sus respectivos dibujitos representativos.
¡No es broma! (juro que no estoy bajo los efectos de ningún porro).
De entrada, no sé lo que pensarán los profesores de matemáticas y otros docentes, pero el teorema de Pitágoras es una fórmula matemática y no un dogma de fe. Y hay que saber explicarlo y entenderlo… no hacerlo creer y creerlo. Por tanto, equipararlo con el cuento del hombre del saco o los supuestos poderes sobrenaturales de unos vaqueros parece un cruel atentado contra la razón.
Invariablemente, surgen preguntas: ¿A quiénes hay que hacer creer todo eso? ¿Sobre quiénes hay que ejercer el poder invocado? ¿Sobre los jóvenes? Pero… ¿todavía creen los jóvenes españoles en el Coco, en el Hombre del Saco?
Pero hay más. “Todos somos responsables. La Educación lo es todo” (curiosamente, en las vallas publicitarias el eslogan central de la campaña está impreso en letra con un cuerpo mucho más pequeño que las absurdas leyendas descritas)… ¿De QUÉ somos exactamente todos responsables? ¿Por qué se hace un aparente llamamiento a la Educación (en mayúscula) cuando, en realidad, a lo que se apela —y por dos veces— es al PODER?
Está claro que la FAD, más que a la responsabilidad, está haciendo una invocación al viejo principio de la AUTORIDAD, en busca de obediencia incondicional. No es que éstos sean valores del todo desdeñables, pero intentar enmascararlos, confundiéndolos deliberadamente con un proyecto educativo integral resulta un ejercicio de cinismo demasiado burdo, especialmente para aquel sector de la sociedad que supuestamente ha de ser el beneficiario último de la campaña. Así, cada vez va a ser más difícil conseguir la credibilidad que todo ciudadano con plenos derechos debiera inspirar a cualquier ciudadano menor de edad.
Y es que como dice mi amigo Freaky Molina: «Algunos han acabado confundiendo aquella consigna de Mayo del 68 de “La imaginación al poder” con la de “El poder contra la imaginación». Vivir para ver.