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Textos antiprohibicionistas

El disparate de las drogas

Foto de Fernando Savater

Filósofo y escritor

¿Legalizar las drogas? Los gobiernos no pueden más que prohibir determinados comportamientos o abolir la prohibición que pesa sobre ellos, pero no pueden «ilegalizar» ni «legalizar» sustancias que se hallan en la naturaleza o que son producidas por el ingenio de los humanos. Se puede prohibir el alpinismo, pero no ilegalizar las montañas; se puede regular el tráfico, pero no ilegalizar todo tipo de vehículos. Del mismo modo, se puede «penalizar» la manufactura, el uso y la venta de determinadas sustancias, pero no «ilegalizarlas»: si abundan en la naturaleza, si vivimos en el siglo de la química y es cierto que la mente humana no olvida lo que ya sabe, nunca faltarán abundantes drogas a nuestro alrededor, tan «legales» o «ilegales» como el mar, en el que también se ahoga mucha gente. De modo que lo que algunos proponemos no es «legalizar» las llamadas drogas sino despenalizar su uso.

¿Con qué fin? Primero, para recuperar un derecho indiscutible a los seres racionales: el de hacer con sus vidas aquello que crean conveniente, siempre que no dañen directamente a otros. Segundo, para devolver el estado a su función propia, que no es perseguir los vicios sino prevenir y castigar los crímenes. Tercero, para impedir que el negocio prohibicionista siga derivando en gangsterismo universal, adulteración de sustancias, seducción trágica de conciencias, atropellos al derecho nacional e internacional, invención de médicos-policías y de policías-médicos, etcétera. Cuando se despenalice la droga no se resolverán todos los problemas humanos, pero se aliviarán algunos de los que ahora parecen más graves en ciertas sociedades. Ya no habrá coartadas para la invasión de Panamá ni para la patada en la puerta. Se acabarán las operaciones Nécora, la Centollo y hasta se podrá pensar en algún destino útil para las habilidades de Baltasar Garzón.