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Textos antiprohibicionistas

Las drogas como abuso

Foto de Fernando Savater

Filósofo y escritor

De los más graves problemas que tiene nuestra sociedad, sólo dos pueden ser directamente resueltos por la autoridad. Y ello por la sencilla razón de que ambos problemas vienen causados por un abuso de la autoridad en su ejercicio político. El primero es el problema de los objetores de conciencia e insumisos al servicio militar obligatorio, que puede resolverse (y no puede resolverse de ningún otro modo) que convirtiendo el servicio militar en una opción profesional como cualquiera de las demás. El segundo es el problema de las drogas ilegales, con sus males concomitantes de gangsterismo, adulteración, sobredosis, seducción suicida por lo prohibido, etc., que puede resolverse (y no puede resolverse de ningún otro modo) si dichas sustancias son despenalizadas. El servicio militar obligatorio creará problemas mientras sea obligatorio, no por ser militar, las drogas ilegales seguirán siendo un problema insoluble mientras sean ilegales, no por ser drogas.

En nombre del «peligro» de las drogas, los gobiernos llevan a cabo desde hace décadas una serie de espectaculares abusos contra los ciudadanos: abusos de control, de propaganda, de penalización de la intimidad, hasta agresiones internacionales de corte bélico. El verdadero abuso referido a las drogas es el que cometen quienes las proscriben, no quienes las toman. Por supuesto cuentan con la complicidad de la parte peor informada, más timorata o más reaccionaria de la población internacional, tanto de derechas como de izquierdas. Son los mismos, por lo general, que con mayor alharaca dicen preocuparse por los males que sufre la juventud descarriada de nuestros días, mientras mantienen una legislación que causa más muertes y desvaríos morales entre los jóvenes que cualquier otra disposición social.

Pero todo esto es ya tan sabido que da casi un poco de vergüenza seguir repitiéndolo. Lo único que disipa ese azoro es que los causantes del problema no sientan vergüenza en seguir repitiendo sus ineptas fórmulas que no hacen más que reforzarlo y agravarlo. Quien desee reflexionar sobre este desafío insistente a la democracia liberal puede consultar los espléndidos libros de Thomas Szasz titulados Nuestro derecho a las drogas (Anagrama) y Droga y ritual (FCE). Son obras que no sólo afrontan la cuestión de las drogas sino consideraciones más importantes sobre lo que es la libertad y la responsabilidad en la sociedad moderna.

Fernando Savater, en Libre mente, Madrid, Espasa Calpe, , pp. 110-112.