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Entrevistas como entrevistado

Drogas y bibliotecas públicas: Entrevista a Juan Carlos Usó

Foto de Juan Carlos Usó

Sociólogo, historiador y responsable de Mundo Antiprohibicionista

‘Educación y Biblioteca’: Juan Carlos Usó. Bibliotecario, sociólogo y autor de ‘Drogas y cultura de masas (España 1855-1995)’.

por RAMÓN SALABERRIA

Juan Carlos Usó Arnal (Nules, Castellón, 1959) es Licenciado en Geografía e Historia (Contemporánea) por la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia y Doctor en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Desde 1983 ocupa en propiedad la plaza de Bibliotecario municipal del Ayuntamiento de Castellón de la Plana.

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Ha sido profesor de “Sociología de la delincuencia”, asociado al Departamento de Sociología de la Universidad “Jaume I” de Castellón, durante el curso académico 1996/97. También ha realizado investigaciones históricas sobre la masonería y estudios de biblioteconomía e historia de las bibliotecas.

Así mismo, ha intervenido, con charlas, ponencias y comunicaciones sobre temas de su especialidad, en numerosos congresos, cursos y jornadas, habiendo colaborado, además, en diversas publicaciones periódicas: Ajoblanco, Archipiélago (Cuadernos de crítica de la cultura), Canelobre, Claves (de razón práctica), Interdependencias (Alternativas Norte-Sur a la producción, tráfico y consumo de drogas), Saitabi, El Viejo Topo, etcétera.

Pero si hoy está en estas páginas es por ser el autor del excelente libro Drogas y cultura de masas (España 1855-1995), versión reducida de su tesis doctoral y recorrido por la historia farmacológica española, profundamente documentada. En la sección bibliográfica de este dossier presentamos una reseña del libro. Mientras tanto sirvan como aperitivo algunos de los comentarios suscitados por el libro: «Siguiendo una metodología rigurosa, a partir de una abrumadora recopilación de fuentes primarias (legislativas, políticas, médicas, judiciales, literarias, gráficas, policiales, periodísticas, etcétera), Usó articula un trabajo en el que aborda y contextualiza la transformación operada en la imagen del usuario de psicofármacos, así como la evolución de la respuesta social al consumo de drogas durante ese casi siglo y medio de historia que abarca, lo que coloca a esta obra “en la posición indiscutible de manual de consulta obligada sobre el tema”» (Víctor Méndez Baiges. En: El Viejo Topo, n.º 102); «(…) el trabajo de Usó, rehuyendo toda la sarta de embustes, manipulaciones y sensacionalismos con que suele ser tratado el tema, resulta un libro imprescindible para que aquellas personas interesadas en despejar prejuicios puedan acceder, más allá de mitos y tópicos recurrentes, a una historia crítica de las drogas en España meticulosamente documentada, que está “llamada a constituirse en verdadero clásico sobre la materia”» (Miguel Ángel Velasco. En Archipiélago, n.º 31); «(…), quien quiera interesarse en el devenir cultural de las drogas prohibidas en España desde mediados del siglo pasado hasta nuestros días cuenta ahora con un documento excepcional, el ensayo de Juan Carlos Usó Drogas y cultura de masas (Taurus). Aprenderá mucho sobre los desvaríos hipócritas del paternalismo y lo rentable que resulta a ciertos inquisidores el convertir los vicios de unos cuantos en problema social de todos» (Fernando Savater. En El País Semanal, n.º 1.043).

Agradecemos a Juan Carlos Usó su amable disposición para la realización de la presente entrevista y las sugerencias y comentarios para la elaboración del dossier.

Imagino que, dada la repercusión que ha tenido el libro, has de estar cansado de la pregunta, pero ¿puedes explicarnos la génesis y el desarrollo de la investigación que te llevó a publicar Drogas y cultura de masas (España 1855-1995)?

La verdad es que el tema de las drogas, como fenómeno cultural, me ha interesado desde siempre. Aunque el azar también influyó en mi decisión de investigarlo. Hacia 1989 ó 1990 me proponía realizar un trabajo sobre la Unión Patriótica, una especie de partido fantasma que trató de impulsar el general Primo de Rivera, para legitimar políticamente su régimen dictatorial. Al consultar periódicos de Castellón de los años 20, me sorprendió que la prensa local ofreciera con frecuencia noticias sobre drogas (campañas contra el consumo de cocaína y morfina, detenciones de traficantes, aprehensiones de alijos, intoxicaciones agudas, muertes por sobredosis…) referidas a Valencia, Madrid y, especialmente, Barcelona. De modo que abandoné mi proyecto inicial y me puse a ordenar todo el material recopilado, que fui ampliando con otras fuentes documentales primarias (médico-farmacéuticas, legislativas, jurídicas, policiales, literarias, etcétera). Mi entrevista posterior con Antonio Escohotado fue decisiva, pues, aparte de convencerme de que investigar como científico social la cruzada contra las drogas era una alternativa mucho más inteligente y constructiva que simplemente adherirse a ella o rechazarla, se ofreció a dirigirme una tesis doctoral, que, finalmente, fue publicada. Es decir, también existió una poderosa motivación académica, además de un compromiso con la verdad, sin cuya existencia no concibo la tarea del historiador.

Aunque ya has señalado que tu faceta como investigador sobre el tema drogas la has llevado totalmente al margen de tu faceta como bibliotecario, quiero preguntarte por tu propia perspectiva como bibliotecario cuando has realizado la investigación. Primero, ¿existen bibliografías, directorios, bases de datos, es decir, herramientas bibliotecarias en el ámbito de drogas o existen muchas carencias al respecto? La segunda pregunta me la sugiere la lectura de una página web1 donde el autor de un dossier sobre drogas se queja de que en la Biblioteca Municipal Central de Lyon (Francia) la mayor parte de las obras sobre drogas sólo se pueden consultar en sala y no tomar en préstamo o que, por ejemplo, para conseguir los libros de Leary sobre el uso del LSD hay que tener carta blanca. En este sentido, tú que conoces el medio bibliotecario, ¿cómo valoras el grado de acceso a la información sobre drogas existente en las bibliotecas españolas, teniendo en cuenta no sólo las mayores o menores facilidades o dificultades para su acceso físico, sino también en cuanto a la calidad de las propias colecciones?

Actualmente, en España podemos disponer de una bibliografía sobre drogas verdaderamente notable, tanto en cantidad como en calidad, incluso mucho más que en otros países. Sin embargo, las herramientas bibliotecarias dedicadas al tema brillan por su ausencia. Aunque, si he de ser sincero, como me he apoyado básicamente en fuentes primarias —es decir, aquellas que proceden directamente de personas físicas o jurídicas, sin filtro de interpretación alguna—, más que a bibliografías, directorios y bases de datos, en mi investigación he recurrido, sobre todo, a hemerotecas y archivos.

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Por lo demás, el hecho de que en una biblioteca pública se niegue el servicio de préstamo a determinadas obras en función de su contenido, sea cual sea éste, me parece inconcebible. Mi experiencia en España es totalmente distinta. He investigado personalmente en la Biblioteca Nacional, Biblioteca de Catalunya, hemerotecas municipales de Madrid, Barcelona, Valencia y Castellón, archivos provinciales de Valencia y Castellón y un montón de bibliotecas universitarias; además, he recurrido al préstamo interbibliotecario en infinidad de casos, y todo han sido facilidades. Y no creo que en el trato recibido haya influido para nada mi condición profesional de bibliotecario (de hecho, en la mayor parte de esos centros ni siquiera lo saben). La calidad de las colecciones que he consultado —y sigo refiriéndome a fuentes documentales primarias— está por encima de cualquier crítica.

Siguiendo con el tema, tan crucial en el ámbito de las drogas, de la información, no deja de ser significativo que sean los defensores de la legalización (y por tal, tratados de irresponsables y temerarios) los que una y otra vez señalan a la información como uno de los vectores esenciales en una sociedad con drogas, mientras que los prohibicionistas, por lo general, dan una consigna tan antibibliotecaria en sí como el “Di no a las drogas”. Es decir, el derecho a la información traducido en una orden imperativa: di no y punto.

Tienes toda la razón. Aquellos que niegan el derecho a la libre disposición del propio cuerpo son los mismos que niegan el derecho a la información. Cabe preguntarse, en este sentido, por qué el lema “saber = poder” es una regla de oro en aeronáutica, agricultura, derecho, física, informática, ingeniería o cualquier otra rama del conocimiento, pero se rechaza por inútil, imposible o peligroso en relación con las drogas. Aunque, bien pensado, la respuesta se encuentra ahí mismo. Ciertamente, todo el mundo habla de prevenir, atender, reducir daños, asistir, desintoxicar, rehabilitar, curar, incorporar… pero nadie habla de dar una educación sobre drogas.

Durante varios años te has sumergido en la lectura de numerosas publicaciones sobre drogas, tanto desde el ámbito de la literatura, como de la antropología o la sociología. ¿Cuál ha sido, a grandes rasgos, la evolución de la edición en España y, en el momento actual, cuáles crees que son los aspectos mejor y peor tratados en este ámbito de las drogas?

Ya en los años 20 se publican obras muy importantes de autores españoles dentro del campo médico —como Tratamiento de la morfinomanía (1920), del Dr. César Juarros, o Los venenos sociales. Opio. Morfina (1923), del Dr. Antonio Pagador— que en la actualidad apenas han sido superadas. Prácticamente, desde los años 30 hasta la década de los 70, si exceptuamos la literatura científico-terapéutica, el interés por el tema desciende de manera evidente. En 1976 se edita un libro del Dr. Juan Alonso, titulado Salida de las tinieblas. Memorias de un toxicómano, que ha pasado totalmente desapercibido y que, salvando las distancias, tiene, en mi opinión, el mismo interés que Yonqui, la famosa novela autobiográfica de William Burroughs. El manual De qué van las drogas (1979), escrito por Eduardo Haro Ibars, es, tal vez, el primer libro de un autor español que trata el tema de las drogas conjugando seriedad y divulgación. Pero, creo que ha sido la publicación de la Historia general de las drogas (1989), de Antonio Escohotado, la que ha marcado un antes y un después en la manera de entender y enfocar el asunto.

Por lo que respecta a la calidad del tratamiento de los distintos aspectos que engloba el tema, obviamente hay de todo, pero estoy absolutamente convencido de que cualquier persona que concentre su atención en la relación bibliográfica que habéis seleccionado en EDUCACIÓN Y BIBLIOTECA verá colmada toda su curiosidad y ansia de información.

Para la realización de este dossier sobre “Drogas y bibliotecas públicas” hemos preguntado a diversas personas lo que ahora te planteo: ¿cuál crees que es el papel que pueden desempeñar las bibliotecas públicas en relación con las drogas?

Bueno, si lo expresado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en el Manifiesto sobre la Biblioteca Pública (1994), en el sentido de que ésta debe ser “un centro local de información que facilita a sus usuarios todas las clases de conocimiento e información” en el que “ni los fondos ni los servicios han de estar sujetos a forma alguna de censura ideológica, política o religiosa”, no son meras palabras, no cabe ninguna duda al respecto. En relación con las drogas, cualquier biblioteca pública que se precie como tal debe, entre otras misiones, “prestar apoyo a la educación, tanto individual como autodidacta, así como a la educación formal en todos los niveles”, así como “garantizar a los ciudadanos el acceso a todo tipo de información de la comunidad”. Y esto ha de conseguirse seleccionando y adquiriendo los fondos adecuados y, por supuesto, facilitando su acceso a los usuarios. Parecen tópicos, pero considero que son el eje fundamental en nuestra profesión.


  1. Véase Synapse: dossier sur les drogues. Enlace roto ↩︎

Juan Carlos Usó, .