Algo de historia
Descubierta en 1874 por el químico inglés C. R. Wright1, el año que viene la diacetilmorfina o heroína cumplirá un siglo desde que comenzara a ser empleada. En 1898 Heinrich Dreser, de la casa Bayer, la presentó en un congreso de médicos y naturalistas como un nuevo narcótico y analgésico, absolutamente inofensivo2. El Dr. Strube, de la Clínica Médica de Berlín, fue el primero en hacer notar que la heroína podía originar hábito. En 1902 Jean Jarrige defendió en la Universidad de París su tesis doctoral, titulada precisamente Heroinomanía, en la que analizaba la adicción creada por la diacetilmorfina, observada en algunos pacientes, y a la cual consideraba más esclavizadora que la morfinomanía3. Después, otros médicos, como el estadounidense Pettey, el italiano Montagnini y los franceses Morel-Lavallée y Sollier, advirtieron sobre los efectos indeseados de la nueva droga.
No obstante, a principios del siglo XX, la heroína se anunciaba en revistas médicas junto a otras especialidades bien conocidas de la Bayer, como el ácido acetilsalicílico o Aspirina4. En 1910, sus representantes en España recomendaban el empleo del opiáceo para un cuadro muy amplio de síntomas y enfermedades: por su “excelente acción calmante”, contra la tos, en el tratamiento de la bronquitis, faringitis, asma bronquial y catarro pulmonar; por su efecto analgésico, contra el carcinoma gástrico, orquitis, ciática, esclerosis múltiple, crisis gástricas de los tabéticos, aneurismas de la aorta, afecciones blenorrágicas y dolores en la influenza y en la coqueluche; en ginecología y práctica psiquiátrica, “preferentemente como un buen medicamento sintomático”, para combatir los efectos de confusión aguda, depresión y neurastenia, debido a sus propiedades sedantes; y, finalmente, “como sucedáneo de la morfina”, en las curas de desintoxicación de esta última5. La heroína no sólo se vendía en estado puro, sino que varios específicos contenían también porcentajes nada despreciables del opiáceo, como, por ejemplo, el Jarabe benzo-cinámico heroinado del Dr. Madariaga (recomendado como “especial para la tos y afecciones catarrales y auxiliar eficaz contra la tuberculosis”), que se despachaba en farmacias al precio de 3 pesetas el frasco, las Pastillas Bonald cinamo-benzoicas con heroína (para “toses, gargantas y preventivas de la gripe”), cuya caja costaba 2 pesetas, etcétera.
A partir de 1918 su venta en boticas fue objeto de restricción, al igual que sucediera con otras drogas como opio, morfina, cocaína, éter y cloral6. Ese control se ejercía a través de una receta médica. En 1925 un gramo de heroína en cualquier farmacia española costaba 5 pesetas, esto es, 90 céntimos menos que un kilo de carne, 15 pesetas menos que un litro de coñac y 25 pesetas menos que una botella de champagne7. Ese mismo año, la prestigiosa enciclopedia Espasa-Calpe la consideraba como “un buen sucedáneo de la codeína y la morfina, teniendo la ventaja de no provocar estreñimiento ni crear hábito”8.
Sin embargo, el psiquiatra madrileño César Juarros ya había advertido que la heroína “es mucho más tóxica y peor soportada que la morfina”, no dudando en afirmar que “la heroinomanía es más peligrosa que la morfinomanía”9. Algunas muertes por sobredosis venían a confirmar este pronóstico. Pero, antes de la prohibición los fallecimientos por drogas no eran sucesos accidentales, como ocurre en la actualidad, sino que obedecían a decisiones voluntarias de los usuarios, es decir, se trataba de actos deliberados de suicidio10.
Curiosamente, el semanario barcelonés El Escándalo —quizá la primera publicación sensacionalista aparecida en España— destacaba en 1926 que la cocaína, “venida a menos como una vieja hetaira”, estaba siendo desplazada entre “la gente de postín” por la heroína11.
Hacía dos años que en EE. UU. se había decretado la prohibición incondicional de la heroína. Siete años más tarde, concretamente en la sesión del 13 de junio de 1931, el Comité de Higiene de la Sociedad de Naciones aconsejó la erradicación de esta droga. En España el Dr. Teófilo Hernando, catedrático de terapéutica de la Facultad de Medicina de Madrid, director del Instituto de Farmacología y vocal del Consejo Técnico Nacional de Restricción de Estupefacientes, aconsejó también su ilegalización12. Finalmente, en el verano de 1932 el Presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, a propuesta del ministro de la Gobernación, Santiago Casares Quiroga, decretó la prohibición de fabricarla e importarla —incluso con fines terapéuticos— en todo el territorio español13.
Al terminar la guerra civil con el triunfo del nacionalcatolicismo, Franco no necesitó recurrir a drogas, toxicómanos, traficantes e inductores como víctimas propiciatorias, a las cuales culpabilizar de todos los males y desgracias que acechaban a España. La versión franquista del ascendente demagógico que ha ejercido siempre sobre la mente humana la esperanza de fulminar el Mal, con los adecuados medios dramáticos, dejó de proyectarse hacia los paraísos artificiales. En efecto, ese anhelo, en función del cual personas inofensivas y objetos inanimados son demonizados como enemigos —confiriéndoles mágicos y peligrosos poderes—, y cuya denuncia y eliminación se plantea como un deber patriótico y autoevidente, encontró su chivo expiatorio en los demonios particulares del propio Caudillo: judíos, masones y comunistas.
Los adictos españoles, cuyo número se había incrementado notablemente como consecuencia de la guerra civil, no consumían heroína, sino morfina, y estaban prácticamente tolerados e institucionalizados desde que, en 1935, se creara un “carnet reglamentario para la extradosis” que les permitía disfrutar de “dosis extraterapéuticas”14. El empleo de opiáceos no era percibido como un problema social. La heroína, en concreto, ni siquiera existía como tema de opinión pública.
Esporádicamente la prensa española publicaba noticias o reportajes sobre el tráfico y consumo de heroína, pero siempre haciendo referencia a países extranjeros15. Sin embargo, a raíz de la enigmática muerte del famoso gángster Salvatore Lucky Luciano —ocurrida en febrero de 1962— se descubrió en Barcelona un alijo de heroína camuflado en el interior de una muñeca, siendo detenidos en relación a este hecho Frank Caruso, Mauro Vicente y Salvatore Maniere16. Podía sospecharse que el Estado español estaba siendo utilizado como estación de paso en el tráfico del narcótico hacia EE. UU. Estos indicios cobraron consistencia en 1967 al ser aprehendidos en el puesto fronterizo de La Junquera (Girona) 13 kilos del opiáceo17 y descubrirse un par de años más tarde que desde España se habían enviado con destino a Nueva York hasta 170 kilos de heroína envasados en latas de paella y bacalao a la vizcaína en conserva18. La confirmación de que España estaba funcionando como “país de tránsito” en el tráfico internacional del narcótico se tuvo en 1971 con el descubrimiento de un nuevo alijo en La Junquera, esta vez de 50 kilos19, y tras la detención en Silla (Valencia) de una pareja francesa (Jean-Pierre Pilatos y Marie-Yvonne Huguette Carretero) que portaba más de 113 kilos camuflados en su automóvil20. Se trataba del mayor alijo de heroína confiscado hasta entonces en todo el mundo, lo que alarmó al fiscal del Tribunal Supremo21, quien, sin embargo, insistía en que “el problema del tráfico y consumo de drogas en España no es grave”22. Esta apreciación coincidía con el punto de vista expresado por algunos expertos, como el doctor J. J. López-Ibor, para quien “el problema de las toxicomanías” en el Estado español “apenas existe”23. Igualmente casaba con las informaciones de la prensa, que seguía percibiendo el empleo del narcótico como una cuestión ajena a la realidad española del momento24. Así, por ejemplo, la autora de un extenso reportaje sobre “la gran amenaza” de las drogas en las Baleares afirmaba en 1968 que en Ibiza “es casi imposible encontrar heroína”25. De hecho, la primera intervención policial contra el consumo del opiáceo en España tuvo lugar a finales del verano de 1971 en Formentera, donde agentes de las fuerzas de seguridad detuvieron a tres jóvenes adictos franceses (Michele Breton, de 22 años, Pierre Lapeza, de 22 años, y Raymonde Pecout, de 27 años), a los que se les incautaron 35 gramos de heroína26.
El sociólogo Domingo Comas Arnau destaca 1973 como el primer año en que comenzó a detectarse un consumo incipiente de heroína en España27. Al principio, la adquisición del producto era difícil y costosa, pues todavía no existía un mercado negro callejero bien abastecido y articulado. Su empleo, por tanto, resultaba minoritario, y se reducía a determinados círculos más o menos selectos. Generalmente, eran los propios usuarios los que se desplazaban a otros países para comprarla. En general, los que se iniciaron en el consumo de heroína durante los años setenta formaban parte de la denominada cultura underground, y tuvieron sus primeras experiencias en el extranjero (algunos también se iniciaron aquí en España de la mano de algún world traveler aficionado al empleo endovenoso de drogas). Curiosamente, la mayoría desarrollaron un hábito y unas pautas de uso con cierto deje a la francesa (recuérdese, por ejemplo, que el término pico deriva, sin duda, de la palabra francesa piqûre, que significa pinchazo). Por lo demás, casi todos pertenecían a familias bastante tolerantes y gozaban de una educación y un nivel cultural elevados.
Entre 1976 y 1977 pudo percibirse un sensible aumento de los consumidores de heroína en España. De los “muchos ingresos por heroinomanía” registrados durante 1976 en distintos centros sanitarios de Barcelona, el fiscal del Tribunal Supremo se mostraba especialmente impresionado por la hospitalización de un adolescente de 16 años, el ingreso de tres personas en estado de coma y el fallecimiento de otra por sobredosis. El propio fiscal del Tribunal Supremo calculaba que en Bilbao había unos 40 usuarios de heroína, y en Ibiza otros 500, de los cuales sólo el 40 % eran españoles28, y el psiquiatra Enrique González Duro estimaba en 2.000 el número de personas que, por esas fechas, dependían de los opiáceos en Madrid29.
El resto es tan reciente como delirante. De todos modos, quien esté interesado en la epidemia de heroína, que afectó de una manera u otra al conjunto de la sociedad española, enturbiando la imagen de la llamada década prodigiosa, cuenta con investigaciones de primera mano llevadas a cabo por antropólogos como Juan F. Gamella y Joan Pallarés, cuya perspectiva sobre el fenómeno destaca por su carácter integral y pormenorizado30.
El precio del caballo en el mercado negro y su influencia sobre el consumo
Mediados los años setenta un gramo de heroína en el mercado negro español costaba entre 7.000 y 10.000 pesetas31. A principios de los ochenta el precio de ese mismo gramo oscilaba de 16.000 a 20.00032. Según fuentes oficiales, el precio medio al por menor en 1995 de un gramo de heroína en España —con una pureza media del 25 %— era de 15.000 pesetas33. A finales de 1996, el propio delegado del Gobierno en el Plan Nacional sobre Drogas (PND), Gonzalo Robles, aseguraba que el valor medio del gramo de heroína en España es de 18.500 pesetas34. Sin embargo, otros informantes —quizá más cualificados— desmienten estos datos. Así, por ejemplo, a raíz del fallecimiento por heroína adulterada de tres yonquis en Murcia, en el transcurso de pocos días a principios de 1997, un heroinómano de la zona afirmaba que la heroína se paga en la calle a razón de 3.000 pesetas el gramo35. Del nivel de pureza mejor no hablar36. Pocos meses más tarde, otro toxicómano manifestaba públicamente en directo ante las cámaras de Canal 9 que el gramo de heroína en el mercado negro cuesta 5.000 pesetas37.
Lo cierto es que en la actualidad el gramo de heroína —tipo brown sugar, procedente de Turquía— puede encontrarse en los enclaves habituales a un precio que oscila entre 4.000 y 6.000 pesetas, con un índice de pureza en torno al 4 ó 5 %38. Desde luego, hay quien considera la adulteración de la droga como un factor positivo, pues ve preferible la intoxicación involuntaria con cualquier producto innocuo que la voluntaria con heroína. Aunque pocos se detienen a pensar que la glucosa, por ejemplo, utilizada con frecuencia como adulterante, se convierte en una substancia infinitamente más letal que la heroína si es diabético quien la consume inadvertidamente.
También se piensa que los elevados precios de las drogas ilícitas constituyen otro elemento inhibidor del consumo. Estamos acostumbrados a estos precios como algo natural, pero no hay nada natural en su esquema de precios, ya que esa ecuación no se corresponde con los precios reales de producción, sino que es precisamente el resultado del sometimiento de dichas sustancias a leyes prohibicionistas y represivas, en unas condiciones políticas y económicas determinadas.
Las drogas ilegales suelen ser presentadas como productos caros y, por lo tanto, deseables. Las noticias sobre aprehensiones de alijos incluyen casi siempre un precio ideal, calculado en función de las condiciones del mercado negro, es decir, asumiendo los precios de la calle y un elevado índice de adulteración (nunca se dice que el precio real de esas sustancias —en estado puro— cuando se usan dentro de parámetros legales es prácticamente insignificante).
El incentivo que tales precios ofrecen al mercado, tanto en el nivel de importación-exportación, como en la distribución al por mayor, es un hecho enfatizado indirectamente por todos los promotores de noticias sobre drogas. No obstante, rara vez se contempla la influencia que estos precios pueden obrar en el consumo. Así, lejos de constituir algo disuasorio, el acceso a mercancías tan caras ha sido y sigue siendo un poderoso acicate, pues en algunos sectores sociales se percibe como un síntoma de prestigio (recuérdese el orgullo que algunos drogodependientes o ex drogodependientes parecen sentir cuando evocan los millones que se han metido por la vena o por la nariz), aunque, en definitiva, termine por configurar un cuadro de miserias, chantaje y falsa conciencia para el usuario .
Si resulta impensable que el PND esté mal informado o que, indirecta e involuntariamente, se esté incentivando el consumo de heroína, ¿qué sentido puede tener que instancias oficiales barajen unos precios tan inflados? La única respuesta razonable se encuentra en el ámbito de lo políticamente correcto (o, mejor dicho, conveniente), ya que valorar el precio del gramo de caballo entre 15.000 y 18.500 pesetas —cuando, en realidad, está costando mucho menos— permite atribuir a sus consumidores la responsabilidad de una delincuencia —especialmente contra la propiedad— que de otro modo resultaría bastante más enojosa de explicar o justificar.
¿Vuelve la moda de la heroína?
Sea como sea, lo cierto es que esa droga, cuyo consumo lúdico o recreativo se puso de moda a finales de la década de los setenta como reflejo del deseo de recuperar espacios de libertad, como una especie de recurso a la imaginación, y en apenas un lustro dio paso en la calle a dramáticas carreras de toxicomanía, resulta ahora más barata que nunca.
Hace apenas cuatro años, la heroína era identificada con grupos marginales, un símbolo de perdedores, y su uso endovenoso considerado como el camino más rápido y directo hacia el cementerio. Sin embargo, desde 1993 se vienen registrando nuevas pautas y tendencias en su empleo. El temor al contagio del Virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ha hecho retroceder la ruta intravenosa como principal modo de administración del opiáceo en favor de su inhalación —conocido en el argot de los usuarios como hacerse un chino— o absorción por vía nasal. Naturalmente, estos procedimientos la hacen menos repulsiva para quienes únicamente desean catarla (curiosamente la edad de inicio de los consumidores actuales no ha descendido, sino que ha aumentado con respecto a la de los heroinómanos de la década precedente). Pero lo que más llama la atención es que los nuevos usuarios de heroína se encuentran entre los grupos más sensibles a las modas y jóvenes profesionales urbanos.
Aunque, a tenor de ciertos indicadores, el consumo de heroína en el Estado español se ha estancado e incluso ha disminuido en relación a los años ochenta, en EE. UU. sí que se está registrando un aumento, precisamente en aquellos segmentos jóvenes de la población donde hasta hace poco tiempo era rechazada, asociándola con la pobreza, la delincuencia y la marginación.
Desde un punto de vista referencial, el suicidio de Kurt Cobain y las muertes por heroína de otros músicos, como Hillel Slovak (guitarra de Red Hot Chili Peppers), Jonathan Melvoin (teclados de Smashing Pumpkins), Kristen Pfaff (bajo de Hole), Andrew Wood (voz de Mother Love Bone), Stephanie Sargent (guitarra de 7 Years Bitch), etcétera, han puesto de manifiesto que el idilio entre el rock y esta droga no ha terminado39, en contra de lo que muchos habían sugerido. La nómina de iconos juveniles afectados por el poderoso narcótico puede ampliarse con el caso de los actores River Phoenix (abatido por una combinación de heroína, cocaína y alcohol) y Robert Downey Jr. (detenido con cierta cantidad de caballo en su vehículo). Sin abandonar el mundo del cine, películas como La verdadera naturaleza del amor (Denys Arcand, 1993), Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994) y Trainspotting (Danny Boyle, 1996) han reflejado la fascinación que existe por la heroína entre aquellos que quieren sumarse a las nuevas tendencias. No es, pues, de extrañar que diseñadores con el carisma de Calvin Klein y Jil Sander recurran a modelos pálidos y extremadamente delgados, a chicos y chicas de aspecto desmejorado, para ilustrar los catálogos de sus creaciones o que la revista The Face jalone sus páginas con fotografías de jovencitas y jovencitos escuálidos con pinta de drogadictos. De hecho, en el mundo de la moda se habla de un nuevo patrón: la estética yonqui (aunque, al menos, aquí en España bien pudiéramos referirnos a ella como estética El Greco). Hasta el presidente Bill Clinton, a raíz del fallecimiento por sobredosis de un fotógrafo, ha criticado recientemente ante las cámaras de televisión la fascinación por la moda del denominado heroin look40.
Con todo, la alarma se ha encendido al detectarse el rastro del caballo en Wall Street. En efecto, la Strang Hayes Consulting tuvo que pagar el rescate exigido para liberar a uno de sus ejecutivos —adicto a la heroína— secuestrado por sus propios proveedores habituales. Poco tiempo después, la prestigiosa Bear Stearns perdió a uno de sus brokers por sobredosis. Idéntica suerte a este último han corrido, desde entonces, otros altos ejecutivos neoyorquinos41. Incluso la revista de actualidad Newsweek ha recurrido a una emblemática canción de Neil Young —“La aguja y el daño hechos”— para titular un amplio reportaje en el cual se afirma que “rockeros, modelos y Hollywood caen en la tentación mortal de la heroína”42.
Para explicar los cambios producidos en el consumo del opiáceo se han señalado varias razones. Por una parte, se dice que en estos últimos años circula una heroína menos adulterada43 y, por lo tanto, que existen nuevas estrategias de la oferta para llegar a un nuevo tipo de usuario distinto de ese adicto-tipo o yonqui, que responde a un rol social-individual completo, fuertemente ritualizado, donde lo de menos es consumir cierta substancia y lo decisivo es obtener una coartada genérica contra la responsabilidad personal, un empleo del tiempo, un círculo de iguales y —en definitiva— un estatuto de víctima involuntaria. Lo cierto es que la introducción del cultivo de adormidera y la producción de heroína en zonas sudamericanas dedicadas tradicionalmente a la recolección de hoja de coca y a su posterior transformación en cocaína ha constituido tema en España hasta de novelas44.
Al hilo de estas consideraciones, Antonio Escohotado, Carlos López Riaño, ex delegado del Gobierno en el PND, Pedro Devesa, anterior responsable de la Dirección General de Drogodependencias de la Generalitat Valenciana, y otros especialistas han vaticinado una posible reactivación del empleo del narcótico45. Sin embargo, ha sido precisamente Gonzalo Robles quien ha descartado semejante pronóstico, manifestando que “afortunadamente, España está vacunada contra la heroína”46.
Se puede confiar plenamente en la capacidad de una sociedad para aprender de su propio pasado, es decir, de su propia historia, pero la realidad demuestra a menudo que la memoria colectiva de lo contemporáneo suele ser muy superficial. Creer que las campañas orientadas a conseguir la obediencia mediante el miedo y que las calamidades ocurridas en este país como consecuencia del consumo masivo de opiáceos por vía endovenosa durante la pasada década garantizan la inmunidad parece un exceso de optimismo. Resulta difícil admitir que puedan existir antídotos sociales contra nuevas modas o tendencias difundidas desde el marco cultural anglosajón dominante, sobre todo, si persiste la fascinación por el fruto prohibido. Antes que apelar al sentido común de la sociedad española, en este caso, quizá conviniera más recurrir al sentido de la responsabilidad promoviendo una verdadera educación e ilustración farmacológica.
Ver H. G. BEHR: La Droga, potencia mundial. El negocio con el vicio, Barcelona, Planeta, 1981, p. 94. ↩︎
Ver M. SILVERMAN: Drogas mágicas, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2ª ed., 1943, p. 42. ↩︎
Ver O. APARICIO: Drogas y toxicomanías, Madrid, Editora Nacional, 1972, p. 276. ↩︎
Ver Anuario Médico de España (1906). ↩︎
Productos farmacéuticos de las Farbenfabriken vorm. Friedr. Bayer & Co. Leverkusen-Rh., [Barcelona, Federico Bayer & Cía., 1910], pp. 86-96. ↩︎
Ver Gaceta de Madrid, 01/03/1918, p. 626 y 06/08/1918, pp. 385-386. ↩︎
El precio de la heroína y del coñac están tomados de la Tarifa oficial del Colegio de Farmacéuticos de la provincia de Castellón, 5ª ed., Castellón de la Plana, Plácido Gómez, [1925], pp. 13 y 19, el de la carne de M. TUÑÓN DE LARA: El movimiento obrero en la historia de España, Madrid, Sarpe, 1985, vol. 2, p. 175 y el del champagne de J. Mª de SAGARRA: Memòries, Edicions 62, 1981, vol. 2, p. 263. ↩︎
Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Madrid, Espasa-Calpe, 1925, t. XXVII, p. 1247. ↩︎
C. JUARROS: Tratamiento de la morfinomanía, Madrid, Saturnino Calleja, 1920, p. 65. ↩︎
Ver J. C. USÓ: Drogas y cultura de masas (España 1855-1995), Madrid, Taurus, 1996, pp. 119-122. ↩︎
F. MIÑANA: “Los hombres y las cosas. Los venenos de la mala vida. Vicio, miseria, cocaína”, en El Escándalo, 13/05/1926, p. 2. ↩︎
Ver O. APARICIO, op. cit., p. 225. ↩︎
Ver Gaceta de Madrid, 06/08/1932, p. 979. ↩︎
Gaceta de Madrid, 31/08/1935, pp. 1683-1684 y 01/09/1935, pp. 1747-1750. ↩︎
Ver “La judiada del día. El proceso contra el Gran Rabino de Brooklyn por tráfico de estupefacientes”, en Mediterráneo, 22/06/1939, p. 3; “La mayor fábrica de heroína en poder de los comunistas”, en El Monitor de la Farmacia y de la Terapéutica, 20/08/1949, p. 323; “El narcotismo infantil tremenda plaga que se abate sobre los Estados Unidos. Cinco mil adolescentes fuman marihuana o se inyectan heroína”, en Diez Minutos, 08/11/1952, p. [15]; O. APARICIO: “El opio, azote del mundo”, en El Español, 21 al 27/02/1954, pp. 59-63 y “Yo fui morfinómano” (condensado del libro de B. Ross y M. Abramson), en Selecciones del Reader’s Digest, t. XXXVI, julio de 1958, pp. 125-176. ↩︎
Ver L. CHATERLON: El tráfico de drogas, Barcelona, Rodegar, 1963, p. 116 y J. CAMARERO: “El abismo de la droga. «Viaje» a la nada (4)”, en Pueblo, 12/02/1970, p. 40. ↩︎
Ver “Trece kilos de heroína aprehendidos en La Junquera”, en Diario de Ibiza, 06/04/1967, p. [1]. ↩︎
Ver “170 kilos de heroína, incautados. Fin del «caso de las drogas en conservas»”, en Pueblo, 10/04/1969, p. 16. ↩︎
Ver O. APARICIO, op. cit., pp. 233-234. ↩︎
Ver “El mayor alijo de heroína de la historia ha sido confiscado en Valencia», en Las Provincias, 05/06/1971, pp. 1-2 y “Eco mundial del alijo de heroína confiscado en Valencia”, en Las Provincias, 06/06/1971, pp. 7-8. ↩︎
Ver F. HERRERO TEJEDOR: Memoria elevada al Gobierno Nacional en la solemne apertura de los tribunales el día 15 de septiembre de 1969 por el Fiscal del Tribunal Supremo…, Madrid, Instituto Nacional Reus, [1969], pp. 63-66 y F. HERRERO TEJEDOR: Memoria elevada al Gobierno Nacional en la solemne apertura de los tribunales el día 15 de septiembre de 1971 por el Fiscal del Tribunal Supremo, Excmo. Sr. D. Fernando Herrero Tejedor, Madrid, Instituto Editorial Reus, [1971], pp. 74-80. ↩︎
F. HERRERO TEJEDOR: Memoria elevada al Gobierno Nacional en la solemne apertura de los tribunales el día 15 de septiembre de 1972 por el Fiscal del Tribunal Supremo…, Madrid, Instituto Nacional Reus, [1972], p. 47. ↩︎
“La toxicomanía «ye-yé», uno de los problemas más graves del mundo occidental. Nuevos tóxicos (heroína, ácido lisérgico…) han sustituido a los antiguos (cocaína, morfina…)”, en Ya, 20/07/1966, p. 12. ↩︎
Ver J. MILLS: “Narcómanos (parte I y II)”, en Life (en español), 26/04/1965, pp. 44-61 y 10/05/1965, pp. 46-62; D. SANZO: “La heroína: un paraíso prohibido (I y II)”, en El Español, 28/08/1965, pp. 15-17 y 04/09/1965, pp. 22-24; “El contrabando de drogas”, en Diario de Ibiza, 30/11/1965, p. [1]; R. LESTER: “El mundo de las drogas al desnudo (I). Por un kilo de heroína se ha llegado a pagar más de un millón de pesetas”, en ABC, 14/11/1966, pp. [40-41, 43 y 45]; A. CASTRO: “Mick y Richard, de los «Rolling Stones», condenados por abusos de drogas”, en Mediterráneo, 01/07/1967, p. 11; J. ASTUDILLO: “Sensible elevación del tráfico de drogas en Europa”, en Mediterráneo, 13/02/1968, p. 14; “Los traficantes de drogas rehuyen el tránsito por Italia”, en Mediterráneo, 26/07/1968, p. 12 e “Intervención de un importante alijo de heroína en Canadá”, en Diario de Ibiza, 06/09/1968, p. [8]. ↩︎
Mª T. DOLSET: “Drogas: La gran amenaza (VI)”, en Mediterráneo, 13/09/1968, p. 8. ↩︎
Ver S. VERD: “Policías disfrazados de «hippies» realizaron, por primera vez, una aprehensión de heroína”, en ABC, 15/09/1971, p. 31. ↩︎
Ver España, sociedad y política, Madrid, Espasa-Calpe, 1990, pp. 636-637. ↩︎
E. GONZÁLEZ ZAPATERO: Memoria elevada al Gobierno de S. M. en la solemne apertura de los Tribunales el día 15 de septiembre de 1977 por el Fiscal del Reino…, Madrid, Instituto Editorial Reus, 1977, p. 73. ↩︎
Ver E. GONZÁLEZ DURO: Consumo de drogas en España, Madrid Villalar, 1979, p. 270. ↩︎
Ver J. F. GAMELLA: La historia de Julián. Memorias de heroína y delincuencia, Madrid, Popular, 1990; “Drogas: la lógica de lo endovenoso”, en Claves de Razón Práctica, n.º 18, diciembre de 1991, pp. 72-80; “Los heroinómanos de un barrio de Madrid: Un estudio cuantitativo mediante métodos etnográficos”, en Antropología, n.º 4-5, marzo y octubre de 1993, pp. 57-101; “Heroína en España (1977-1996). Balance de una crisis de drogas”, en Claves de Razón Práctica, n.º 72, mayo de 1997, pp. 20-30 y J. PALLARÉS: El placer del escorpión. Antropología de la heroína y los yonquis (1970-1990), Lleida, Milenio, 1996. ↩︎
Ver E. GONZÁLEZ ZAPATERO, op. cit. ↩︎
Ver J. F. GAMELLA: La Peña de la Vaguada: análisis etnográfico de un proceso de marginación juvenil (tesis doctoral dirigida por el Dr. Ubaldo Martínez Veiga), Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Madrid, 1989, p. 108 y J. L. GÓMEZ MOMPART: “La contra-revolución del «caballo». La droga «dura» como arma del Estado”, en El Viejo Topo, octubre de 1981, p. 39. ↩︎
Ver Plan Nacional sobre Drogas. Memoria 1995, Madrid, Ministerio del Interior, 1996, p. 49. ↩︎
Ver P. NARVÁEZ: “Alarma mundial. La heroína cabalga de nuevo”, en Blanco y Negro, 17/11/1996, pp. 12-20. ↩︎
Declaraciones recogidas por los servicios informativos de Tele 5 y emitidas el 21/01/1997. ↩︎
Ver J. A. GARCÍA: “Cacao mortal. Conmoción en Jerez por la muerte de 10 ‘yonquis’ tras consumir heroína adulterada”, en El Periódico, 06/10/1994, p. 23 y F. PINAZO: “Los toxicómanos se sienten estafados. Aumentan las denuncias por adulteración de heroína en Valencia”, en El País, 20/12/1995, p. CV-7. ↩︎
Testimonio ofrecido en el programa-debate “Parle vosté, calle vosté”, emitido el 11/04/1997. ↩︎
Ver J. C. USÓ, op. cit. , p. 363. ↩︎
Ver J. K. GOLDENARM: “Informe heroína: muerte lenta”, en Ruta 66, mayo de 1996, pp. 20-25 y R. RODRÍGUEZ y S. SÁEZ: “Los goces de la gloria. Los Smashing Pumpkins, los grandes triunfadores del año, han sido el último grupo en sufrir el azote de la heroína en sus propias filas”, en El Mundo, 11/09/1996, p. C-7. ↩︎
Declaraciones recogidas por Lorenzo Milá y difundidas por los servicios informativos de la segunda cadena de TVE y emitidas el 22/05/1997. ↩︎
Ver C. FRESNEDA: “Los «yuppies» se hacen «yonkis». La heroína se ha convertido en la droga de moda en Wall Street”, en El Mundo, 25/08/1996, p. 52. ↩︎
K. SCHOEMER: “The Needle and the Damage Done. Rockers, models and Hollywood fall for heroin’s deadly allure”, en Newsweek, 14/10/1996, pp. 44-49. ↩︎
Ver F. PEREGIL y J. TORRONTEGUI: “Pura como la muerte”, en El País, 30/04/1995, p. D-15. ↩︎
Ver “Pedro Casals predice en su última novela una invasión de heroína”, en El País, 25/02/1995, p. 25; J. I. GARCÍA GARZÓN: “Las amapolas de la muerte. Una novela de Pedro Casals destapa las nuevas estrategias de los señores del narcotráfico”, en Blanco y Negro, 26/02/1995, pp. 22-27 y A. GARCÍA: “En Medellín crecen las amapolas. Muerto Escobar, los ’narcos’ cambian el cultivo de coca por el de opio y heroína”, en El País, 02/03/1997, p. D-12. ↩︎
Ver V. VERDÚ: “El consumo de heroína se dispara en las grandes ciudades de Estados Unidos. Algunos artistas y profesionales la consideran más ‘chic’ que otras drogas”, en El País, 14/05/1994, p. 26; J. M. OLEAQUE: “Heroína. La droga maleïda torna a ser de moda”, en El Temps, 05/02/1995, pp. 50-56; M. B.: “López Riaño: «Vuelve la heroína, más pura y mucho más peligrosa»”, en El País, 11/03/1995, p. 29; S. GRIJALBA: “Antonio Escohotado: «Usar drogas es un reto ético»”, en El Mundo, 15/05/1995, p. 64 y E. OCHOA: “Heroína, la heroína”, en El País Semanal, 08/09/1996, p. 96. ↩︎
P. ARÁEZ, op. cit., p. 18. ↩︎