Ruiz-Gallardón, Oisinoid, la droga y yo
—Te invito a comer, Oisinoid, donde tú digas y cuanto tú quieras. No voy a reparar en gastos.
—Me dejas de piedra, oh tacañísimo Kalíkatres. ¿A qué viene tanta y tan insólita generosidad? Estás radiante.
—Pues sí, angelito. Efectivamente, lo estoy. Tu intuición astral no te engaña.
—Dime entonces, sin perder una décima de segundo, a qué se debe ese derroche de optimismo en tiempos tan sórdidos y oscuros como los que nos rodean.