Órdenes espontáneos (II)
La primera parte de este artículo —“Órdenes espontáneos”, El Mundo, 11 de enero de 2005— describía cómo en Europa, y concretamente en España, la cruzada antidroga ha cesado, de acuerdo con un proceso evolutivo que remite a varios factores. El menos destacado, y quizá el más relevante, es un proceso de ilustración farmacológica. Sin ir más lejos, tenemos tres revistas mensuales sobre psicoactividad de ámbito nacional, con tanto o más público que sus equivalentes sobre motos, pesca o cotilleo político. Cientos de libros, otras publicaciones, congresos, sociedades, actos públicos y tiendas especializadas atienden también a consumidores que prefieren en este terreno una actitud observante, como la del botánico o el astrónomo. Unos son simples curiosos, otros son usuarios o productores que desean optimizar su actividad, pero ninguno comulga con las ideas de paraíso e infierno alimentadas por el prohibicionismo.
Órdenes espontáneos (I)
Muchos cambios que hacen época acontecen entre susurros, mientras dormimos, como aconteció con la cruzada contra la brujería, convertida sin decreto expreso en cruzada contra el librepensamiento. Algo análogo —por solapado— ocurre hoy con las drogas ilícitas.
En 1914, el Congreso norteamericano aprobó cierta ley que restringía drásticamente el uso de opio, morfina y cocaína. Admitió también a trámite otra ilegalizando cualquier bebida alcohólica (salvo el vino de la misa), y nombró una comisión para endurecer la normativa sobre tabaco, que prohibía ya fumar públicamente en 28 estados de la Unión. El entonces diputado H. C. Hoover —que luego llegaría a presidente del país—, definió el paquete legislativo de ese año como «el mayor experimento moral de la Historia».
Cobayas, fariseos y éxtasis
La juventud tiende a ser audaz, indolente, romántica, afásica, esperanzada, perdedora, generosa y egoísta. Procede mediante ritos de pasaje, rara vez ajenos a melodrama o truculencia, y hasta hace poco carecía prácticamente por completo de capacidad adquisitiva. Ahora consigue dinero de sus familiares, añadiendo a veces un sueldo por trabajo a tiempo parcial, y aunque no puede permitirse grandes derroches tiene más de 100 viernes y sábados en las 52 semanas de cada año. Esa especie de recreo para festivos se orienta a soportar el estrés de los otros días, donde el adolescente ha de comunicarse con sus iguales en voz baja, con el secretismo de quien propone o recibe ofertas disparatadas pero oportunas para paliar la insípida cotidianidad. Vale para él casi cualquier plan ya es un planazo ver si de verdad abrieron cierto sitio muy enrollado, mientras mitigue la languidez del aburrimiento.
Sobria ebriedad
El prohibicionismo agrava el problema de la droga en lugar de evitarlo y la solución a éste pasa por recobrar el empleo de las drogas como reto ético y estético.
El prohibicionismo en materia de drogas es —cada vez más— un remedio que agrava el mal en lugar de evitarlo; su vigencia sostiene imperios criminales, corrupción, envenenamiento con sucedáneos y meros venenos, hipocresía, marginación, falsa conciencia, suspensión de las garantías inherentes a un Estado de derecho, histeria de masas, sistemática desinformación y —cómo no— un mercado negro en perpetuo crecimiento. Los millones de personas que mueren o son encarceladas, chantajeadas y expropiadas cada año en el mundo, y los muchos millones más expuestos cada día a semejante suerte no son un argumento pequeño; súmese a ello la atrocidad de que mueran o yazcan retorcidos por dolores perfectamente remediables un número todavía superior de personas y tendremos un cuadro realista de la situación.
Ilustración o reino de las tinieblas
Empecemos por un caso concreto, entre muchos posibles. A mediados del siglo XIX, China tiene prohibidos tanto la producción como el consumo de opio con pena de muerte, tras considerar durante un milenio largo lícitas ambas cosas. Sin embargo, quien alimenta un contrabando inglés en vertiginoso aumento es la India. ¿Tienen los indios problemas debido a la gigantesca producción propia? A través de sus miles de páginas, los sucesivos informes de la Royal Commission on Opium despejan dudas. En India hay aproximadamente diez veces más usuarios regulares de esta droga que en China, pero no se observan problemas sanitarios, sociales o criminales. Los usos moderados son regla, y los médicos encargados de llevar a cabo la investigación, tanto nativos como británicos, acaban concluyendo que el consumo «carece de inconveniente para la salud y el bienestar, pues el opio en la India se parece más a los licores occidentales que a una sustancia aborrecible».
Carta a la madre de un toxicómano
Muy señora mía: comprendo y comparto sinceramente el sentimiento de impotencia que le impulsa a formar grupos de protesta y manifestarse por las calles pidiendo soluciones para un asunto que empeora cada día. Por eso mismo le propongo detenerse un momento a reflexionar, ya que no conocemos una cosa simplemente por padecerla en nuestra carne, sino cuando llegamos a entender de dónde nace.